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PRIMEROS USOS DEL VIDEO: EL REGISTRO

A mediados del año 78 comienza a aplicarse la Ley de Amnistía dictada por la Junta de Gobierno Militar. Esta ley libera de culpas a quienes hayan cometido delitos durante la vigencia del estado de sitio y guerra interna, período que el gobierno militar decretó que se extendía entre el 11 de septiembre de 1973 y el 10 de marzo de 1978. Cientos de prisioneros políticos son liberados de los centros de detención. Algunos marchan al exilio (voluntario o impuesto), otros deciden quedarse. La casi totalidad de ellos presenta profundos daños físicos, psicológicos y morales producto de las torturas y apremios a que fueron sometidos durante su cautiverio.

Para ese entonces, varias películas se habían filmado en el extranjero documentando los aspectos más dramáticos del golpe militar y de la dictadura instalada en Chile [16]. Algunos de esos documentales y también algunas ficciones mencionan el tema de la tortura, pero sería un documentalista chileno quien comenzaría el duro trabajo de recoger los primeros testimonios de quienes emergían del infierno de las cárceles y lugares de reclusión clandestinos de la dictadura... un trabajo realizado en Umatic por el entonces cineasta y publicista Hernán Fliman.
Las iglesias de todos los credos comenzaron a recibir cientos de denuncias de tortura, maltrato y desaparición casi desde el primer día del gobierno militar. El año 1978, ya existían organismos amparados por la Iglesia Católica (Vicaría de la Solidaridad) y por otras iglesias cristianas (FASIC) que dedicaban sus esfuerzos a acoger a las víctimas de los abusos del régimen. La labor que se iniciaba era inédita, pues debían hacerse cargo de víctimas de torturas, fenómeno hasta entonces muy poco común en la sociedad chilena [17]. Se crearon equipos compuestos por sicólogos y otros profesionales que debieron explorar métodos para abordar de manera eficaz el proceso terapéutico con las víctimas [18].

Hernán Fliman
(Archivo Equipo Umatic,
noviembre 2004).


Hernán Fliman participaba de las sesiones de trabajo dirigiendo dinámicas grupales que empleaban técnicas del teatro. A poco andar, una de las sicólogas del equipo –Elizabeth Lira- sugirió a Fliman grabar los testimonios que se recogían durante el trabajo terapéutico.
Con una cámara y grabador Umatic prestados y dos ayudantes voluntarios Fliman comenzó a registrar las sesiones de rehabilitación de los “pacientes”, organizando así el material de lo que sería su primer documental acerca de la tortura en Chile: "Testimonio 1" [19]. Uno tras otro se suceden los rostros de los prisioneros recién liberados frente a la cámara. Esta simplemente registra y deja fluir las narraciones de apremios, torturas y vejámenes entregadas por las víctimas, transformando el material en un sobrio pero impactante testimonio de indesmentible valor documental [20].
En adelante, Fliman no dejaría de trabajar en esta línea (documental de denuncia de los atropellos a los Derechos Humanos), a la que se sumaría durante los 80 una generación completa de audiovisualistas.

[16] Cineastas chilenos en el exilio ruedan infatigablemente sus versiones del drama vivido por el pueblo chileno. Entre ellos se cuenta hacia fines de los 70 a Helvio Soto, Patricio Guzmán, Raúl Ruiz, Sebastián Alarcón, Alvaro Ramírez, Sergio Castilla, Orlando Lübert, Valeria Sarmiento, Angelina Vásquez, Claudio Sapiaín, Douglas Hubner, Juan Forch, Leutén Rojas, entre otros. A ellos se suman los cineastas alemanes Heynowsky y Scheumann (trilogía de documentales filmados íntegramente en Chile durante los días que siguieron al golpe de estado), y los franceses Chris Marker y Armand Mattelart con su obra documental "La Espiral", más una serie de otros documentalistas y cineastas de diversos países como el soviético Román Karmen, el alemán Peter Lilienthal, el mexicano Carlos Ortiz Tejeda, los cubanos Santiago Alvarez y Humberto Solás, el australiano David Bradbury y otros. ("Cine y Memoria del Siglo XX"; Jacqueline Mouesca y Carlos Orellana; LOM ediciones; marzo 1998).
[17]Existen relatos que sugieren la aplicación de corriente y torturas practicadas por la Policía de Investigaciones de Chile a inicios de los 60, como también de "apremios ilegítimos" y "violencia innecesaria" por parte de Carabineros de Chile con anterioridad al régimen militar.
[18]Algunas de las profesionales que componían el equipo de terapeutas del FASIC fueron Elizabeth Lira, Fanny Pollarolo, Eugenia Wainstein y Adriana Maggi
[19]Grabado en Umatic con cámara color monotubo Sony 1610; camarógrafo Daniel Arnoff, sonidista Raúl Cartagena (según ficha técnica elaborada por Jessica Ulloa el año 1988; el realizador atribuye el sonido a Giorgio Di Lauro, en entrevista realizada el 2004).
[20]A pesar de existir este y otros materiales posteriores que forman un archivo de decenas de horas de testimonios e imágenes que denuncian y comprueban la práctica de la tortura en Chile, sólo el año 2004 y gracias al “Informe sobre la Tortura en Chile” emanado de una Comisión Presidencial encabezada por el obispo Sergio Valech, los medios de prensa y otras instituciones reconocieron abiertamente que la tortura fue una práctica habitual de los organismos de represión del régimen militar, y también reconocieron que no hicieron nada por dar a conocer y acabar con estas prácticas durante la dictadura.