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Economía chilena de los ’80: el derrumbe del modelo

El consumo interno efectivamente aumentó debido, por un lado, a la mayor disponibilidad de dinero de los habitantes (no por aumentos de salario sino por facilidad de acceso al endeudamiento) [3], pero además a la súbita invasión de productos importados, a costos menores que el costo de la propia producción nacional. El resultado se vería pocos años más tarde: muchas de las industrias nacionales “emblemáticas”, como por ejemplo la textil, prácticamente desaparecieron ante la desaprensiva política importadora que desprotegió absolutamente a muchos de los sectores de la producción nacional [4] . La consecuencia de ello fue un nivel de cesantía disparado a valores superiores al 20 % a inicios de los ’80. A esto se sumó la rápida fuga de dólares y un endeudamiento internacional que llegó a los niveles más altos de la historia de nuestro país (de los 481 millones de dólares en 1977 se encumbró a 2.600 millones en 1980) [5]. Las mujeres comienzan a jugar un rol preponderante en los hogares de hombres cesantes, transformándose en una fuerza de trabajo “de emergencia”. Las “ollas comunes” proliferan entre los sectores de bajos recursos e incluso entre ciertos sectores de clase media empobrecida. Esta respuesta social a la cesantía favorecería la irrupción de nuevas temáticas en nuestra sociedad, particularmente la discusión acerca del rol de la mujer y temas relativos a la sexualidad y a los derechos reproductivos. Estos temas serían prontamente recogidos desde el audiovisual por la nueva generación de realizadoras que, gracias al video, comenzaban a hacerse escuchar [6].

A mediados del año 1982 el modelo económico comenzó a tambalear: el gobierno debió devaluar el peso en un porcentaje inusitado (de $ 39 a más de $100), haciendo muy difícil el pago de las enormes deudas en dólares contraídas por los particulares. El año 1983 quebraban cinco bancos chilenos por falta total de liquidez y sobre-endeudamiento (los bancos chilenos se endeudaban en el extranjero para prestar dinero a los “consumidores” nacionales). El Gobierno decide salvarlos asumiendo el pago de la deuda (deuda que cuatro de los cinco bancos mantienen hasta el día de hoy con el Estado, es decir, con todos los chilenos). Esta crisis vivida por el país el año ’83 permitiría el renacer de las expresiones públicas de descontento, y al calor de protestas, paros, marchas y manifestaciones, el video encontraría su lugar en el nuevo escenario que comenzaba a dibujarse en la sociedad chilena.


Rolf Lüders, el ministro que salvó a la banca chilena con el dinero del Estado.

[3] Se explica la facilidad de endeudamiento internacional a mediados de los 70 debido a los excedentes financieros mundiales generados por el aumento del precio del petróleo. (Jocelyn-Holt, Alfredo; El Chile Perplejo; Ed. Planeta/Ariel; Stgo. De Chile, 1999; p.189)

[4] El sociólogo y realizador David Benavente aborda el tema de la industria textil en su documental “Con la camiseta puesta”, realizado para las hoy desaparecidas empresas MACHASA (Manufacturas Chilenas de Algodón S.A.).

[5] Op. Cit.

[6] Hablamos de gente del mundo audiovisual como Tatiana Gaviola, Patricia Mora, Ximena Arrieta, Gloria Camiruaga, y también realizadoras como Lotty Rosenfeld o Diamela Eltit que provienen de otras vertientes del arte.